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Si hay algo mágico en emprender, es la terapia que produce. En serio. Tomamos una decisión, nos enfocamos, la seguimos, perseguimos, aun sin definirlo del todo, un fin, una meta. Nos ordenamos, nos desordenamos, nos ordenamos de nuevo. Aprendemos. Todo el tiempo. Descubrimos continuamente nuevas capacidades, nuevas formas de llevar a la práctica nuestras ideas y proyectos. Las cosas no siempre salen como queremos. Sentimos que de alguna forma nos “reinventamos” con la esencia de lo que siempre fuimos, para volver a acomodar las cosas y seguir caminando. Por el mismo trayecto, o por otro que, gracias a la “desgracia”, comenzó a vislumbrarse y asegura ser más fructífero.

Y así vamos. Y no es tan difícil compararlo con eventos de nuestra vida. Aunque no siempre lo creamos, somos totalmente dueños de las decisiones que tomamos y los sueños que perseguimos. Pero bueno. Volvamos un poco a lo técnico. La estrategia suele ser un concepto de los más simples a nivel humanidad, pero uno de los más abstractos a nivel cultural. Cómo explicarlo mejor?

De alguna manera, pareciera que creemos que la estrategia es algo demasiado metódico, o estructurado, o por qué no, hasta malo. Como que corremos el riesgo de ser un poco calculadores. O que le asesinamos el toque a la espontaneidad. Es cierto que en cada etapa de la vida, nos replanteamos nuestro propio concepto de libertad. Hasta qué punto realmente la disfutamos y la utilizamos para tomar aquellas decisiones que sí nos lleven a esos lugares que nos hacen más felices.

Pasa lo mismo con los negocios. No con todos los emprendedores, pero aun seguimos teniendo un poco de reticencia a la organización, hasta donde podamos, absoluta, para que ese, nuestro pequeño sueño convertido ahora en una actividad rentable, no se convierta en una “multinacional sin sentimientos”. Sin espíritu.

LA ESENCIA

Algo que me quedó muy marcado de mis años de Administración es que las organizaciones están conformadas por personas. Una o mil. Pero inevitablemente, son sus miembros y fundadores quienes le dan vida a esa marca. Por tanto, no deberíamos preocuparnos por volvernos una empresa robot. Al contrario. Tomar la decisión de destinar tiempo a planificar nuestras actividades y proyectos es un bien comunitario. Para vos, emprendedor, para tu familia, para tus clientes, para tus empleados. Es tomar la esencia de tu negocio, esparcirla en cada proceso y sector, y vibrar con la energía en alto. Cuánto vale lanzarse a lo desconocido sin paracaídas para perder todo nuestro esfuerzo?

MI CASO

Y es muy lindo escribir un blog. Pero inevitablemente todos nos señalamos con el dedo acusador para ver hasta qué punto tenemos autoridad para enseñar, para opinar, para aportar una solución. En mi caso, descubrí que no venía aplicando estrategias para ningún proyecto a largo plazo de mi vida. Y aprendí, casualmente, trabajando por cuenta propia para otra persona, lo fantástico que era tener un plan. Tomar una hoja en blanco. Marcar casi al final un objetivo. E ir completando, desde el inicio hasta el final, las cosas necesarias para lograrlo.

Desordenadas, varias descartadas, fue mágico para mí cerciorarme, llegado el día final, la influencia de cada una de las ideas que habíamos planificado, en el resultado. Como algunas habían requerido tiempo de más. Como aprendimos a mejorar el proceso para resolverlas más rápido. Había descubierto que sí podía escribir un plan, desarrollarlo, controlarlo, dirigirlo y evaluarlo. Y eso no es otra cosa más que el proceso de la administración. De más está decir las aplicaciones a mi vida personal, pero te las cuento en otro post. universo emprender planificacion estrategica

EL PENSAMIENTO ESTRATÉGICO

Este modo, de organizar y cumplir, se convierte en hábito y nos permite desarrollar el pensamiento estratégico. La primera etapa de la planificación estratégica. Como su nombre lo indica, es tomar decisiones pensando estratégicamente. Y es lo que quiero compartir con vos para que puedas optimizar tu tiempo y lograr resultados visibles y medibles. El pensamiento estratégico es, en algún punto, la esencia de tu negocio. Es el espíritu del emprendimiento en sí mismo + la forma de caminar y con qué para llegar a donde queremos.

LA MAGIA DEL PLAN

Planificar el desarrollo de nuestro proyecto no significa que estaremos como una estaca pegados a él. Es una guía. Es una pizarra donde, sobre todo si estás iniciando, habrá probablemente más “prueba y error” que tildes. Pero no importa. El hecho de tener anotado todo, hará más fácil las correcciones y adaptaciones. Porque lo que más nos importa es lograr el resultado. Pero también aprender y llevar un seguimiento de todo aquello que tuvimos que ajustar para cumplirlo, y así planificar el próximo periodo de tiempo.

Poco a poco, voy a ir sumando técnicas y análisis específicos y fáciles de llevar a la práctica para que elijas aquel con el que te sientas más cómodo y motivado y puedas sumergirte en el pensamiento estratégico. La planificación propiamente dicha, es el plan. Escrito. Con los pasos y las formas. Para que, si te fuiste un fin de semana con tu familia, vuelvas y entiendas perfectamente dónde te quedaste. O para poder coordinar una reunión o colaboración con esa persona que tanto querías en tu negocio, en el momento casi perfecto.

¿Y LA MAGIA DE LA GESTIÓN?

El plan puede haber quedado bello, bello. Pero el quid de la cuestión, es la gestión. Es esto de lograr implementar el pensamiento, el espíritu de la estrategia, en los momentos donde el plan no viene tal como habíamos imaginado. O al revés, no tiene que existir un problema, tal vez simplemente dejemos pasar una oportunidad.

La gestión también es saber elegir, cuando surgen estas oportunidades, a qué le dedicaremos el tiempo y cómo, y a qué no. Viste la frase “el que mucho abarca, poco aprieta”?. Bueno, tal cual. Sobre todo, considerando que, como te habrás dado cuenta, hablo de tres pasos distintos, peeeero, cuando somos emprendedores, generalmente atendemos a todas esas actividades. Por eso, no quiero marearte. Quiero presentarte ideas clasificadas, con métodos y técnicas para que, como te dije al principio, logres prosperidad económica pero también plenitud espiritual. En el siguiente post, más conceptos y más práctica.

Y vos, ¿cómo te llevás con la estrategia y la planificación? Ya tenés tu propio método para maximizar tus esfuerzos?

¿O sentís la necesidad imperante de organizarte para aprovechar mejor el tiempo? Contame en los comentarios.

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